
Innovación bajo la “tutela” de la Inteligencia
Introducción
Empezar un artículo, que verse sobre Innovación, en tiempos de profusión de la Inteligencia, también la Artificial, me interpela a ser sintético, tal y como nos estamos acostumbrando en los resultados de las interpelaciones, que les realizamos a los actuales chatbots; además, por analogía con el propio proceso extractivo y de sintetización, que conforma la inteligencia, procuraré ser ortodoxo.
Para ello, quiero iniciarme indicando las tres palancas/eslabones con las que pretendo articular mi “tesis”, sobre el cambio que está suponiendo la adopción de las tecnologías de la IAG (Inteligencia Artificial Generativa), en la aplicación de la inteligencia, que los humanos realizamos y ejercitamos, en la realización de la Innovación, tanto en las empresas como en las organizaciones en general.
La articulación de mi propuesta la versaré sobre tres epígrafes (aunque si siguiéramos la técnica del Doble Diamante, tendríamos cuatro verbos), que os anticipo:
- Analizar, para entender, a partir de la pregunta.
- Aventurar, para simular, a partir de escenarios.
- Avanzar, para compartir, a partir de nuevos roles.
Vaya, también, mi descargo preliminar, pues os anticipo que voy a aplicar un sesgo que me caracteriza, adoptando una mirada tecnológica, sobre el proceso de la Innovación, ya que, indefectiblemente, nadie consideraría una propuesta actual, que no tuviera el apoyo de la muleta de la tecnología digital, en su formulación.
Analizar
El primer elemento significativo que quiero traer a colación es la relevancia que ha pasado a tener el “dato”. De primeras lo mencionaré como un “concepto”, aunque todos tenemos claro que sería una referencia a una instancia generalizada de lo que hubiéramos mencionado, en tiempos previos al advenimiento de la tecnología, como una evidencia, que recoge en un “valor”, como aquello con lo que se instancia una variable.
Dato tiene su origen etimológico en “aquello que se daba” y que, en los inicios de la informática, se utilizó para referirse al “data entry”, es decir, a la entrada de lo que se daba, para registrar en los sistemas informáticos, ya fuera para calcular o persistir en los sistemas de almacenamiento. Viene también a colación que los tabuladores fueron aquellas máquinas (mecánicamente hablando) de procesado de datos, en las que se tabulaban (registros linealizados) los censos de personas.
Sin embargo, lo que ha sucedido (primera transformación), es que el dato (con su consecuente esfuerzo en recopilarlo y su valor inicial intrínseco) ha pasado a ser de dado a quedado. Es decir, a día de hoy, con los trazadores que todos llevamos encima (nuestros smartphones), el esfuerzo (y coste) no está en la recopilación de lo que tenemos que pedir, para que nos lo den y, posteriormente, lo registremos, sino que, su valor reside (véanse las GAFAM[1]) en la capacidad masiva de explotación (con sus economías de escala, con bits y no con átomos) de los datos almacenados y de su capacidad mecanicista de inferir “conocimiento”.
El asunto es que este conocimiento, que siempre se lo habíamos relegado a los humanos (yo siempre interpelo a mis alumnos diciendo que el conocimiento no existe, que no es corpóreo ni puede asirse y, por lo tanto, no es gestionable, a imagen y semejanza de cómo lo hacemos con el resto de corpóreos átomos e, incluso, los bits que representan a los datos), parece que, ahora sí, esté siendo inferenciable/inferible[2] por las computadoras.
Y aquí viene el conflicto, pues, si el conocimiento solo estaba (se generaba, como un chispazo que devenía de ese “momento ajá”) en el cerebro de los humanos, entonces eso configuraba la figura o rol del gurú o sabio, es decir, de la persona que, con su propio mapa mental, atesoraba ese conocimiento y era capaz de enfrentarlo con las evidencias vividas, para expresar su afirmación/sentencia/tesis.
El asunto es que ese experto, con su capacidad de (auto)preguntarse, movido por la inquietud y/o curiosidad, iba indagando sobre la patente realidad (antes de que esa estuviera duplicada/plasmada, como dato digital) y cuestionándosela para inferir nuevas propuestas.
Pero, al igual que en mi caso, he hecho mi descargo, indicado cuál es mi sesgo, es decir, cuál es mi ámbito de conocimiento y cuál es mi (supuestamente) mapa mental y cómo éste criba mi comprensión de la realidad percibida, entiendo que, de igual forma, aplicaría con el resto de los expertos. Es decir, es, en base a sus datos/evidencias recabadas, como han articulado y entendido cómo acontecen los sucesos y son capaces de (re)conocerlos cuando, con cierta similitud, se le vuelven a presentar/evidenciar.
Eso me lleva a reclamar aquí, el método científico (constituido en la época de Newton), en el cual, a partir de unas evidencias, se las sometía a una(s) prueba(s) que refrendaban la tesis inicial (pregunta) o la refutaban. De esta forma las evidencias formaban y forman parte intrínseca del proceso sobre las que experto afirma científicamente y que, de igual forma, en cualquier otro proceso (el de Innovación, también) se basa.
Lo que acontece, ahora, es que ese descubrimiento (de revelar) ha sido “delegado”, o relegado de los humanos, a las máquinas (digitales), con su capacidad masiva de manipular, almacenando y procesando datos. Es decir, es la máquina, con el algoritmo adecuado que el humano haya elegido aplicar (modelar), la que hace la inferencia, mientras que el humano, tan solo, la induce, o con su algoritmo o con su interpelación (pregunta/tesis).
De ahí que, el primero de los verbos transformativos, que mueve cualquier movimiento (la Innovación también lo es), es la de preguntar-se, incitando al desvelamiento de las evidencias que (ya) estaban dadas.
Venturar
Visto pues, en el Analizar, que todo empezó por saber cómo es el proceso de preguntarse qué inquietudes nos conmovían a cambiar el status quo y generar nuevas oportunidades, a partir de las evidencias y cómo, ese proceso, ha sido alterado por la adopción de las computadoras.
Pero, aunque todas las masiva y mecanicistamente posibilidades generadas pudieran ser expresadas, no implica que, automáticamente, sean factibles (realizables o sustentables, por las técnicas/tecnologías actuales) y/o viables (económicamente de forma sostenida) y/o aceptables (de forma que se adopten o cubran alguna necesidad explícita o latente), por lo que, cuando estamos trabajando la Innovación, no solo hemos de recabar lo que es cierto (dato), sino explorar qué situaciones o escenarios de futuro serían realizables (como combinación virtuosa de técnica, economía y sociedad).
Aquí es donde, de nuevo (segunda transformación), las computadoras nos ayudan, con su tratamiento masivo en la generación de las posibilidades, que en algunos ámbitos denominaríamos simulación, para someter a ponderación qué posibilidad es más equilibrada, de forma que el acto de selección sea por descarte más que por extenuación.
Para hacerme entender, voy a tomar la analogía de la fotografía y cómo ha cambiado la realización de su profesión. Cuando ésta y su soporte era analógico (basado en átomos), el fotógrafo se enfrentaba a los siguientes actos:
- Adquisición: el carrete era, aparte de caro, limitado y no disponía de muchas opciones de registro/captación.
- Revelado: ni mucho menos era instantáneo, por lo que, la validez del disparo efectuado/dado, se tenía que delegar a un tiempo y lugar distinto de aquellos en los que la instantánea se captó.
- Difusión del coste: una vez revelado, la transmisión (y todo el potencial negocio posterior) se reducía, nunca mejor dicho, a mover (traficar con) la copia y salvaguardar el negativo.
No hará falta que les explique cómo es a día de hoy ese proceso, pero lo que, significativamente, ha cambiado de lo anterior es que, ahora, el fotógrafo está mucho menos en campo, con su cámara, captando y, mucho más, frente a su computadora, regenerando la realidad (en lo que equivaldríamos al revelado), para disponer de la imagen (entre el millar que hubiese podido llegar a recopilar) que mejor transmite lo que quiere enviar/entregar, lo cual, además, gracias a la redes sociales, si fuera el caso, podría distribuir de forma masiva, reduciendo a cero la fricción de tener que hacer entregas.
De forma análoga y con las técnicas (estadísticas) que ya existían, hace mucho tiempo, como, por ejemplo, el método de Montecarlo, se pueden generan infinidad de posibilidades/escenarios, sobre los que el experto en la materia pueda aplicar esa sinapsis que atesora y facilitarle los aja-momentos, que todavía no habían sido considerados[3], pues siquiera habían sido revelados.
Así pues, el consultor/gurú/experto (sea de Innovación o cualquier otro dominio disciplinario) queda trastocado y transfigurado (segunda transformación) y su nuevo desempeño está, como el fotógrafo, en configurar una nueva realidad, que sea un trastoque de la dada/percibida, para infundir confianza sobre la nueva.
Avanzar

Y, por fin, cerraríamos el triángulo virtuoso, con la tercera transformación y el foco en el aspecto esencial de mi “tesis”, centrado en el cambio de rol del experto (desde facilitador a facultativo, pasando por consultivo) y, sobre todo, para aquellos que, a día hoy, ostentan el cargo de responsables, sean ejecutivos y/o operativos.
De igual forma que, con dato, fuimos a buscar su origen, lo haremos con “responsable”. Según Corominas, “responder” viene de respondere. Su pretérito antiguo era respuso y que luego cambio a repuso. Según Etimologías[4], la palabra “responsable” está formada con raíces latinas y significa «obligado a contestar, que puede asegurar que se cumplirá algo». Sus componentes léxicos son: el prefijo re- (hacia atrás, de nuevo), spondere (prometer), más el sufijo -able (que puede).
En mi resumen, responsable sería aquella persona, a la que alguien superior, coloca en una posición con la autoridad para dar “la” respuesta o explicación de lo que, bajo ese “negociado” suyo, aconteció y/o acontecerá, pues tiene la disponibilidad para acceder a las evidencias recabadas de lo sucedido y la capacidad para hacerlo fehacientemente, estableciendo el proceso de funcionamiento.
Es decir, atendiendo a los dos epígrafes anteriores: sabe lo que se mandó recabar (datos) y sabe cómo agregarlos, convenientemente, para sintetizar, si lo acontecido, es conforme a una praxis que él mismo debió de establecer, como responsable. En breve, se le otorgó el poder en determinar cómo hacer, recoger y explicar.
Como se puede ver en toda esa mirada, el responsable dispone de poco tiempo para aplicar los verbos de analizar y aventurar, en resumen, “pensar” (ese verbo tan denostado, por alejado del trabajo, aunque claro, es una labor poco corpórea y/o manipulativa, que transpire sudor). Sin embargo, ¿qué nos sucede ahora? Pues que la promesa de la IA, o su variante IAG, augura una asíntota a cero, para el esfuerzo de explicar, pues ese desempeño, que parecía intrincado o implícito, queda banalizado, ya que la “máquina” lo hace, automáticamente.
Pero ¿qué ocurre entonces? Que la máquina genera una “afirmación”, después de interpelarla en esa ventanita donde, antes, poníamos una instrucción [MS-DOS], luego una clave de búsqueda [Google Search] y, ahora, la pregunta (Chatbot), a partir del entrenamiento recibido para, probabilísticamente, generar una (¿la?) respuesta.
Y lo que, claramente, se observa es que la pregunta interpelada es el detonante o catalizador y que no tiene porqué generarse siempre una misma respuesta, tras la conversación, en la que se hayan ido postulando las inquisiciones al agente. Esa alquimia, que hay que ir disponiendo, es la clave para la obtención de las respuestas generadas.
Es decir, pagábamos al experto, por lo que nos entregaba y, sin embargo, esta entrega es, ahora, inmediata, por lo que nos enfrentamos a la disyuntiva de cómo valorar (pagar) y reconocer (poder) al experto, en función de cuál ha sido su verdadero desempeño y por el cual nos ha aportado valor.
Por eso, muchas de las tareas/funciones, relacionadas con la demostración del ejercicio del poder (ergo decidir y comandar a hacer), van a quedar mancilladas, pues la expresión del mismo se (de)mostraba mediante la exposición (generación) de una respuesta, la cual, recordemos, vendrá crecientemente inducida por una pregunta.
De hecho, para mí, un responsable es aquel que establece un entramado de formas de respuestas a un conjunto de preguntas prestablecidas, conocidas de antemano y que, también, inducen la respuesta. Por eso, los sistemas de información, que disponen las empresas, son un reflejo de qué preguntas querrá responder el responsable y solo se almacena(ba) en su interior aquello que atiende a la pregunta. Vamos que, si no va a contribuir a la respuesta prestablecida, no se guarda ¿para qué, si no?
Y ése es el principal descubrimiento, con la aplicación de los modelos de IA, pues los entrenamientos de esos modelos nos develan que la “calidad” de los datos vigentes es inapropiada para el “nuevo” propósito, donde, en general, podemos argumentar que cuántos más datos operativos y menos administrativos, mejor, pues los modelos buscan encontrar patrones subyacentes, invisibles en primera instancia para los responsables, que se obtienen de la correlación que encuentra las similitudes “respondibles”.
En resumen, las preguntas (como la filosofía en su momento, aunque ahora también sea necesaria) son las que mueven el mundo porque lo conminan al movimiento cuestionando el status quo, como hace la Innovación.
Postdata/o
Alguien habrá llegado hasta aquí y se preguntará (espero) cuál es la conexión entre el título y su articulado.
Bueno, no es evidente (aunque sí subyacente) que he buscado la palabra arte-facto como esencia de lo que se vino y vendrá, pues, como he procurado mostrar, más que demostrar, el arte, como actividad/habilidad esencialmente humana, de la innovación devendrá un acto (facto) eminentemente mecanicista, a modo de artilugio. Muy intricando, pero con un alma, como no podría ser de otra forma, muy humana.
[1] GAFAM: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft
[2] Soy consciente de que hay palabras, en español, que no existen, pero las necesito para expresar esos nuevos significados
[3] Considerar, etimológicamente, significaba el acto de observar conjuntos los objetos “siderales” (las estrellas) para determinar si habían “figuras” (patrones) por descubrir
[4] https://etimologias.dechile.net/?responsable
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